© 2023 by  CAROLINA REYNOSO

Please reload

Entradas recientes

I'm busy working on my blog posts. Watch this space!

Please reload

Entradas destacadas

Guerrera fuerte (Parte I)

July 24, 2017

 

Gestión del tiempo: lectura 10 min.

Compensación: escenas de violencia

Neuroánimo resultante: emotivo elevado

 

 

El mundo era una bolsa de basura

 

“A veces unos pájaros, un caballo, han salvado las ruinas de un anfiteatro”, decía Borges. Pasa lo mismo con las casas, solo están vivas cuando son habitadas, aunque esta casa seguía extinguiéndose a pesar de sus inquilinos. En ella vivía una niña con dos robots de hojalata, o al menos así se le aparecían en sueños. El mundo en cambio no se lo imaginaba tan sofisticado la pequeña. Esta niña – a una edad indefinida de ese periodo sin tiempo que es la infancia-, tendía a pensar que todo el orbe estaba contenido dentro de una gran bolsa de basura, propiedad de dos grandes gigantes y sus risotadas. Estos la abrían y cerraban a su antojo, y al abrirla, aparecían las ciudades con sus calles y sus peatones. Entre risa y risa, los gigantes cogían a un peatón y lo movían por este universo en miniatura, como si se tratase del Monopoli, y cuando se aburrían de jugar con él, simplemente, cerraban la bolsa.

 

Algo que inquieta especialmente a algunos eruditos en esta historia es el interludio entre apertura y apertura. ¿Qué pasa cuando la bolsa está cerrada? ¿Existe el mundo o no? El detalle les produce a los eruditos una sensación de vacío e incertidumbre parecida a la de la incógnita universal de la vida después de la muerte. En cambio, al resto de espectadores de esta niña lo que les inquieta es lo mucho más humanos y cercanos que son estos dos abominables gigantes que los dos robots de hojalata con los que vive la pequeña, con la extraña y tecnológicamente aberrante manía de perseguirla por los pasillos de la casa para ahorcarla. Algo que sí genera controversia a unos y a otros es la naturaleza de la bolsa, ¿por qué basura?, ¿por qué una simple bolsa? ¿No hubiera sido más hermoso que el mundo estuviera contenido en un baúl de recuerdos, en un bolso de marca francesa, en una caja de pandora?

 

Parecía en cambio que la bolsa no tuvieran ningún tipo de protagonismo más allá de contener el mundo, abrirse y cerrarse, pues ni siquiera olía a basura. Pareciera una simple metáfora megalómana ideada por teóricos conspiranoicos de izquierda y derecha: los primeros dirían que el mundo era una bazofia controlada por el capitalismo asfixiante y los segundos que había que destruir a todos los apestosos antisistema que a penas se lavaban una vez por semana. “…. tenemos que posicionar mejor en Google la palabra –tecnolucha-“.

 

Sea lo que fuere, a la niña no le cabía la menor duda de que la bolsa de basura era la única explicación para la existencia del mundo. A los investigadores del futuro también les ha sorprendido el posicionamiento filosófico de una persona de esta civilización a tan corta edad. ¿Por qué habría de necesitar una teoría del Universo?

 

Aquel día que Gigante II, el más amable, y una versión humanizada de su compañero, pero por ello también más imprudente, abrió la bolsa, se encontró que la niña estaba en el jardín cortando unas maderas y construyendo lo que a grandes rasgos pudiera parecer una escalera de enormes dimensiones. Para ello había tenido que cortar varios árboles y el gigante se sorprendió de sus habilidades tan avanzadas de carpintería. Luego cayó en la cuenta de que esta muchacha había tenido muchos antepasados dedicados a la madera y ya entendió su destreza. También entendió porqué cada hora y media se detenía a limpiarse el sudor, se acercaba lentamente a la madera y la olía, prácticamente inhalando el serrín.

 

Después de varias semanas de labores construyendo la escalera, trabajo que el gigante había observado con curiosidad casi enfermiza, como poniendo la esperanza de resolución de las incógnitas de la vida gigante en el súbito acto de una persona elegida, la niña decidió comenzar su ascenso. Si bien al principio sintió un ligero miedo, en seguida volcó su mirada hacia el horizonte y confió su suerte al destino sin mirar atrás. [GF no caería en la maldición bíblica de la mujer de Lot]. Solo se dejaba a su perro, cuyos ladridos primero un grito, luego un llanto luego un eco, quedarían para siempre retumbando en su corazón; los oídos traicionan casi tanto como el olfato. Pero sabía que no tenía la fuerza para subirlo a él también y había aprendido a desprenderse. Después de varios días ascendiendo por la escalera, por fin comenzó a ver algo redondo. Lo que en principio se manifestó como una enorme luna, a continuación se tornó un enorme sol y luego un gigante infierno y al cabo un gigante ojo que la observaba con curiosidad. Lejos de estar aterrada, al reconocer el azul claro ojo del Gigante II, la niña tembló sobre la escalera, estirando el brazo en su dirección, como si cazar mariposas hubiera sido fácil alguna vez, tal es la ingenuidad de los niños.

 

Sin perder el tiempo, el gigante agarró a la pequeña y la subió hasta la altura de sus ojos. Ésta, petrificada y parada en el tiempo como una estatua -pues de esta forma se quedan las personas que recogen estos gigantes de la bolsa de basura en su juego no lúdico- tenía los ojos muy abiertos y dirigidos hacia el cielo, como así había sido siempre. El gigante se concentró para bucear dentro de la mente de la niña –pues esa es una de las cualidades de los gigantes, introducirse sin hacer ruido en las mentes-. Al hacerlo se quedó de una sola pieza. En de su cerebro encontró la imagen de él y su compañero Gigante I manejando el mundo desde fuera de las bolsa de basura, y su asombro fue aún mayor al descubrir que la niña conocía perfectamente su apariencia física, sus secretos más profundos y su personalidad.

 

“Construiré la escalera más alta del mundo y me iré a vivir con Gigante I y Gigante II”, “no quiero seguir siendo la marioneta de dos robots de hojalata”, “no quiero seguir siendo diminuta”, eran algunas de las frases que intuía el gigante en el pensamiento de la niña. El grandullón se sorprendió por el uso de la palabra “marioneta”, ya que así llamaban él y su compañero a los humanos que manejaban a su antojo. Pero la niña creía en ellos como en un hijo díscolo y sabía que en el fondo estos seres tenían un corazón en extremo bondadoso, de una sensibilidad tal, que no tenían otro remedio que ocultar.

 

¡Oh, el flan!

 

El episodio de “La huída” o “La construcción de la escalera” había comenzado por culpa de un flan. Dentro de la mente, el estómago y el corazón de la pequeña todavía pululaban grandes trozos de lo que había sido un poderoso y bien formado flan. La tarde anterior, la niña merendaba, y al ver aquel hermoso y delicado flan, tuvo el enorme impulso de destruírlo y así lo hizo destruyendo el flan, ¡oh, el flan! –la reiteración de flan es indicativa de lo exuberante que resulta el objeto y lo que puede incitar a su destrucción-. F…L…A….N. Hay algo de escurridizo en la “F” seguida de la “L”, la “A” le da la consistencia y la “N” remata su juguetona virtud en trampolín. Pero a esta niña por regla general no le estaba permitido ser niña, así que sabía que lo que había hecho sería duramente castigado. Aún así, lo destruyó con una agresividad que no era nada propia de ella.

 

No era una coincidencia que hace días hubiera gritado y pegado a su perro sin razón aparente y después se hubiese puesto a llorar.  Al verlo, una señora que paseaba por la calle le echó una fuerte reprimenda y la niña no acababa de ser consciente de que se lo estuvieran diciendo a ella. No había nada que quisiera más en el mundo que este perro y le dolió eternamente en el corazón este acto mecánico y fortuito. Así que se prometió que trataría de controlar esa agresividad repentina y que no volvería a suceder. Pero sucedió; a sabiendas de que no estaba permitido, aquella tarde destruyó el flan con tanta fuerza que uno de los robots de hojalata llegó corriendo a la cocina y le echó una fuerte reprimenda: “una semana merendando sola y encerrada en tu habitación”. Además, el robot de hojalata también se puso agresivo y estrelló con fuerza varios platos contra el suelo de la cocina dejando restos de cortante V I D R I O por todas partes.

 

Toda la atmósfera se quedó impregnada de estos trozos y de remordimientos pero el flan se encontraba por completo dentro de la niña lo que le generaba un estado general agridulce. Esa semana que pasó encerrada en su habitación, la pequeña ideó la construcción de la escalera. Con vídeos de Youtube y leyendo varias enciclopedias online de carpintería, ideó un plan para su construcción, que llevaría a cabo a escondidas mientras los robots de hojalata no estaban en casa. El resto del día la escalera estaba oculta por un juego de espejos que impedía su reconocimiento en el paisaje del enorme jardín.

 

En realidad la niña llevaba ya tiempo instalando un sistema de cámaras en la casa que esperaba fuera testimonio algún día para declarar en contra de los dos robots de hojalata, si se le presentaba la ocasión. No obstante, la naturaleza de la pequeña era muy compasiva, así que tendía a disculpar a estos robots en su enajenación, y a achacar todo al hecho de ser en esencia criaturas artificiales de un material muy parecido al de las propias cámaras. Por eso la idea de huir le resultaba bastante más atractiva que la de suscitar una controversia en este hogar vacío que por otra parte tenía los días contados.  Su perro y el flan fueron los detonantes para pasar a la acción, como se expresaba en los guiones de cine. ( Las cámaras fueron testigo y así ha podido llegar a nuestra civilización post-humana este relato hoy, con el documental interactivo que lo acompaña, donde podréis ver la vida en esa casa, del momento del flan y algunos otros menos tristes y otros más alegres ).

 

El encuentro

 

Los ojos de la niña seguían fijamente abiertos hacia el cielo y entonces Gigante II cometió la imprudencia que marcaría el devenir de generaciones futuras de su familia. Movilizó a la niña. Al ver a Gigante II a la pequeña se le salieron las lágrimas de alegría, con tanta intensidad que ese día llovió con mucha fuerza en el pueblo. Aunque nadie notó la diferencia en términos físicos, porque allí solía llover siempre, varios paisanos dijeron sentir una especial melancolía aquel 14 de septiembre e incluso hubo algún intento de suicidio, por suerte fallido. Tampoco aquello sorprendió a nadie. Lo único que llamó la atención a un campesino fueron los restos de serrín que encontró en su huerto al despuntar el alba, con las primeras gotas de rocío. Pero lo achacó a las “meigas”.

 

“¡Gigante II!, “subidubidu – wa!”, “requetequeteque-plé”, “pis-pis-pas!!, cantó con fuerza la niña”. Aquellas eran melodías de la infancia de Gigante II, que  al revivirlas tampoco pudo contener las lágrimas. “subidubidu – wa!”, “requetequeteque-plé”, “pis-pis-pas!!, repitió Gigante II, mientras bailaba ligeramente con sus pies. Éste seguía sin entender cómo un ser tan diminuto, una simple marioneta de las bolsas de basura, podía conocer tan bien lo que acontecía en su interior. Acercó a la niña contra su regazo y le dijo “no tengas miedo, yo te voy a proteger”, y a continuación posó a la niña en su pajarita y cerró la bolsa de basura, dejando atrás dolores y miedos humanos y vicios tecnológicos. La niña se agarró con fuerza a la pajarita del gigante y se quedó dormida al instante, tal era el agotamiento de una vida en constante tensión dramática. La niña de la bolsa de basura cayó rendida como un soldado después de una larga batalla triunfal, ella cuyo nombre significaba “Guerrera Fuerte”. (Textos posteriores la han representado con otros nombres como “La que es fuerte”, “La mujer fuerte” o “La Mujer”). A veces lo pequeño puede cumplir la función de hacer que lo grande se luzca, y aunque esta niña no necesitaba protección, este fue el momento más glorioso de la bonachona vida de Gigante II.

 

Nota: Una de las cosas que más extraña a quien lee este relato o ve el documental, es  porqué los robots figuran en el mundo humano y en cambio los gigantes, mucho más primitivos en esencia son los dueños y gestores del Universo. ¿La verdad? Todavía no hemos encontrado respuesta a esta incógnita, algunos dicen que al pertenecer los gigantes al mundo de los sueños son mucho más poderosos, porque heredan una infinitud inherente. Pero a otros esta teoría les parece poco práctica. Los robots siempre serán máquinas perfectas y claramente sobrepasaron al hombre en inteligencia en el siglo XXIII de la era de aquel Planeta Tierra. ¿Cómo es posible? Los más osados relacionan esta incógnita con la teoría cuántica, cuyos principios se demuestran pero jamás pueden probarse en la práctica. Pero la verdad es que todavía resulta difícil relacionar nada elevado con un gigante. ¿Será tal vez que estemos confundiendo la medida? ¿Será que lo feo, lo sucio, la basura, los gigantes, los monstruos, poseen la verdadera virtud porque no están sometidos a ningún control? Tal vez sea momento de revalorizar al Dios Baco de aquella civilización antigua del Planeta Tierra, y a determinados ánimos carnavalescos y viciosos de la Edad Media del mismo lugar.  Sea cual sea la explicación, el caso es que los gigantes son mucho más simpáticos y la gente no siente ninguna química con robots. Al fin y al cabo, esa es la parte que jamás resolvieron los investigadores de la mayor Inteligencia Artificial del mundo, en el japonés Instituto Riken, la biología y la química. La electrónica es lo único capaz de perdurar, por su incapacidad de ser.    

 

¿Quieres saber qué pasará cuando llegue Gigante I? ¿Y cuando los dos robots de hojalata vean que la niña no está? ¿Queréis conocer lo que aguarda al destino de “Guerrera Fuerte”? - > No te pierdas el siguiente relato

 

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Síguenos
Please reload

Buscar por tags
Please reload

Archivo
  • Facebook Basic Square
  • Twitter Basic Square
  • Google+ Basic Square